En el corazón del siglo XXI, se erige ante nosotros un desafío mayor: la exploración de la conciencia. La conciencia humana no puede reducirse a lo que la inteligencia artificial afirma imitar. Trasciende los meros procesos cognitivos: respira a través del cuerpo, se agita dentro de los sentimientos, brilla a través de la experiencia y se eleva hacia la dimensión espiritual. Es relación, es presencia, es encuentro.
Sin embargo, la salud mental nunca ha estado tan amenazada como lo está hoy, y la urgencia de la situación nos obliga a ir más allá de cualquier visión reduccionista del ser humano. Mi experiencia clínica, especialmente en el campo de la medicina de adicciones, revela cómo la obsesión con un único modo de pensar puede encarcelar, alienar y privar a los individuos de su libertad, creatividad y sentido de responsabilidad.
Es por esto que debemos restaurar la conciencia en toda su amplitud —y con ella, promover una medicina verdaderamente integradora: una medicina del cuerpo, mente y alma, capaz de reconciliar al ser humano con su profundidad, dignidad y vocación por la totalidad.
Jacques Besson