En el corazón del siglo XXI se alza ante nosotros un gran desafío: la exploración de la conciencia. La conciencia humana no puede reducirse a aquello que la inteligencia artificial pretende imitar. Trasciende los meros procesos cognitivos: respira a través del cuerpo, se agita en los sentimientos, brilla en la experiencia y se eleva hacia la dimensión espiritual. Es relación, es presencia, es encuentro.
Sin embargo, la salud mental nunca ha estado tan amenazada como en la actualidad, y la urgencia de la situación nos obliga a ir más allá de cualquier visión reduccionista del ser humano. Mi experiencia clínica, especialmente en el ámbito de la medicina de las adicciones, revela cómo la obsesión por un único modo de pensar puede aprisionar, alienar y privar a las personas de su libertad, creatividad y sentido de responsabilidad.
Por ello, es necesario devolver a la conciencia toda su amplitud — y, con ella, promover una medicina verdaderamente integradora: una medicina del cuerpo, la mente y el alma, capaz de reconciliar al ser humano con su profundidad, dignidad y vocación de plenitud.
Médico, psiquiatra, especialista en adicciones, antiguo jefe del Servicio de Psiquiatría Comunitaria del Departamento de Psiquiatría del Centro Hospitalario Universitario Vaudois (CHUV). Actualmente es Profesor Honorario de la Facultad de Biología y Medicina (FBM) de la Universidad de Lausana (UNIL) y Profesor invitado en el Instituto de Humanidades en Medicina (IHM).
Su interés por la psiquiatría comunitaria y la salud mental le ha llevado, desde hace muchos años, a estudiar las relaciones entre psiquiatría y religión, y entre neurociencia y espiritualidad.